Beatificación Mártires MSSCC

 

El próximo 28 de octubre se reconocerá en el principal templo de la cristiandad, -la Basílica de S. Pedro en el Vaticano- la muerte martirial de cuatro Misioneros de los SS. Corazones. Pertenecían a la misma Congregación titular del Colegio Obispo Perelló.

Ellos cuatro, junto con dos religiosas franciscanas, cayeron abatidos por las balas en el barrio del Coll (Barcelona) en aquella locura colectiva que fue la guerra civil del año 1936. También una señora capaz de morir por ceder un rincón de la casa a unos clérigos acosados. La tragedia hermanó a los caídos con lazos de sangre.

Los testigos que convivieron con los protagonistas de esta historia, o les conocieron de cerca, ofrecen un testimonio sin fisuras: se trataba de personas sencillas, sin ambiciones y sin iniciativas de grandes vuelos. En general cabe hablar de personas retraídas, tímidas y en algún caso hasta enfermizas.

Personas como las que nos ocupan dan credibilidad a la Iglesia. Los mártires son necesarios para demostrar que la evan­gelización, la lucha y el compromiso de la Iglesia no permanecen al nivel de las meras palabras. Hay momentos en la vida que de nada sirven las caretas. Todo se juega a una carta. Los hechos son entonces enormemente aleccionadores.

Es posible que el lastre de la Iglesia enturbiara la situación y que los victimarios alegaran pretextos para llevar adelante sus impulsos incendiarios y para disparar los gatillos de sus fusiles. Como fuere, es muy conveniente resaltar que la voluntad de dar la vida por una causa constituye un argumento inapelable de la propia sinceridad. Y, si la causa del martirio es Jesús de Nazaret, entonces los creyentes permanecemos orantes en silencio. Admiramos a los fusilados y damos gracias a Dios.